martes, 10 de noviembre de 2009

Post Modern

Demasiadas pruebas para gozar en competencia

(y preocupaciones para alcanzar a aprender de ellas),

Objetos desperdigados sin vínculo aparente,

Excesos diletantes, y lograr confiar en algo.


Comparten acaso los animales del zoológico

Algo así como una categoría?

Paseamos de la jaula del mono a la del elefante

Con la inconsciente esperanza de la experiencia unificante.


Horas, religiones, materias, administraciones,

Salvadora teoría!

Es este un relato omnisciente?


En eso me he terminado convirtiendo,

Soy ahora otro narrador

En primera persona.



Por Justo A. Prieto

miércoles, 21 de octubre de 2009

La maquilladora

En la portada de los avisos económicos del El Mercurio (1), este domingo recién pasado, leo el anuncio de una señora cosmetóloga titulado "El último retoque": “En 18 horas de clases, la cosmetóloga Nelly Salas –graduada en la U. de Miami- enseña a maquillar y restaurar difuntos” .
Declino escribir –pienso- acerca de las múltiples diletancias que una setentona señora (que infructuosamente intentó reír para la foto del diario) maquilladora de muertos pudiera generar.(2)
Porque creo que en esto existe algo que eleva la cruda inmediatez por sobre su potencialidad generadora de metáforas: es el hecho mismo de maquillar a un muerto (la intención obstinada (,) allí, en la misma muerte). De tenerlo en frente y disponer ciertos colores sobre un rostro de palidez y frialdad indiferentes. De exacerbar el uso del carmín, para neutralizar el verdoso gris de la cara (el rojo es el cadáver del verde, nos advertía Goethe). De aumentar la luminosidad del párpado superior, para que el globo ocular parezca en su posición habitual. De abrillantar los labios, para evitar advertir el desarrollo de su opacidad.
Y subrepticiamente pretender, con todo ello, algún cambio.




(1) El Mercurio, Clasificados económicos. Domingo 18 de Octubre de 2009.
(2) A propósito de diletancias: Una parte de los hombres nunca se ha maquillado en vida. Lo experimenta por primera vez ya fallecido. ¿De que periodo de tiempo se constituye esta experiencia como inaugural?: ¿de su vida?; ¿de su existencia? (sabemos del evidente error en que incurrimos al nombrarlo de estas formas); ¿de una historia de su cuerpo?
¿O esas personas nunca fueron maquilladas?


Por Justo A. Prieto

viernes, 4 de septiembre de 2009

El guía

Sucedió en su primer viaje fuera de Tailandia, que como aprendiz de guía turístico había emprendido con la esperanza de mejorar su manejo del inglés. Educado discretamente en el uso (por lo demás estadounidense) del idioma, estaba muy interesado en las variaciones de acento y pronunciación propiamente inglesas. Por ese motivo, se sintió especialmente afortunado al conocer a un inglés (de hecho, el primer británico que conocía), y por lo mismo, fue sumamente amable cuando, apenas intercambiada la primera frase, se dio cuenta que no había entendido absolutamente nada de lo que el inglés le decía.
Cordialmente, se disculpó con la recurrente expresión que además de excusarse interroga:
- I’m sorry?.
El inglés, conciente ya del tortuoso destino de la conversación, se lamentó a su vez:
- I´m sorry too.
El aprendiz de guía, conciente de no poder fallarle al protocolo, le contesta:
- I´m sorry three.
Muy extrañado, el inglés le replica:
- What are you sorry four?
Nuestro guía, ya asombradísimo del nivel de caballerosidad del inglés, pero ofuscado al ver que la conversación no tenía destino alguno, se despide, no sin antes hacer el último esfuerzo por demostrar su excelsa educación (que nada, pensaba, tenía que envidiarle a la de su interlocutor):
- I´m sorry five, but good bye.

Por Justo A. Prieto

viernes, 10 de julio de 2009

Esta última palabra

Extraña cosa la de estar escribiendo y tener la sensación de que apenas pongo una palabra después de otra, la anterior recuperará su contingente presencia más en un incierto futuro (aquel que ahora se constata como presente suyo, señor lector) que en mi presente (que ahora mas bien discurre entre lo que escribo –esta otra última palabra- y lo que estoy pensando en inmediatamente escribir).
Curioso pensarlo en un continuo, dándose un transcurso de palabras, donde la última palabra -mi presente- a pesar de siempre estar siendo pasado para usted (como un gerundio del pasado), al menos se le adelanta en un aspecto: el hecho de que mientras no llegue al final del texto, usted estará viviendo ahora señor lector, un presente que fue ya, en el pasado, mi pasado.

Por Justo A. Prieto

lunes, 6 de julio de 2009

Jackson había muerto

Supe hace poco que Jackson había muerto. Su deceso me impresionó hondamente: no a causa de lo que pudiese haber respondido (que ya nunca podré) frente a la pregunta de cómo me afectaría el fallecimiento de Jackson, sino a raíz de que por primera vez en toda mi vida me daba cuenta de que Jackson estaba vivo: quizá porque siempre antes prevaleció una fama tan mediada que hasta la idea de su presencia se me hizo mediática (aunque por estos días esa presencia exista más que nunca) o producto, sencillamente, de que no fui a su recital.

Me daba cuenta de que estaba vivo justo ahora que muere, pensaba, pero de hecho, fue más bien producto de ello.

Por Justo A. Prieto

sábado, 30 de mayo de 2009

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás mío, por una correntada, la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

Fabián Casas

sábado, 7 de febrero de 2009

El extravío

En vacaciones lo invitaron al sur. Saldría de Santiago por primera vez en muchos meses. Suponía que le haría bien, el aire, el bosque, el lago.
A su tercer día se decidió a caminar por el bosque. Planeaba acortar camino para llegar al pueblo, donde había quedado de juntarse a almorzar, a un par de kilómetros y unos treinta minutos de donde estaba. Salió solo y decidido. Había un sendero demarcado para el turista, que abandonó apenas pudo. Se empezó a adentrar por una huella cada vez más difusa, menos legible. Ya presentía su atraso pero siguió, aún así, empeñado en dar por sus propios medios con la salida. Retornar por la senda era ya difícil y, por lo demás, demoroso. En un momento, sin tener que decidir, abandonó los vestigios de huella. El bosque a ratos se cerraba, dando paso a una húmeda oscuridad (llovía intermitentemente). En medio de esto una impróvida e impertinente música interrumpe, en un vertiginoso in crescendo. Era su celular. Lo llamaba un amigo desde Santiago, por algo en extremo pedestre, in summo carnal; unas cuentas que le debían y que ya le habían depositado, que revisara su cuenta en Internet, que el asunto estaba arreglado.
Nunca le costó tanto dar las gracias. Cortó y miró alrededor.
Se encontró de nuevo en el mismo bosque, igual de mojado y atrasado, pero ahora, doblemente extraviado.

Por Justo A. Prieto

lunes, 5 de enero de 2009

Cotidianas (en clave moral)

No tengo por qué fijarme, pero hasta el momento he detectado cuatro cosas más importantes que la verdad: la búsqueda, la intuición, el misterio, el humor. No se trata de buscar cualquier cosa, de ponernos arbitrarios; a usted, mujer posesiva, le informo que la fidelidad es derivada de la verdad, así que no vale. Tampoco la lealtad. Y así como la verdad tiene su perfecto opuesto en la mentira, la búsqueda se opone a la inacción. La inacción es una posición conforme, inmoral, esa que ostenta quien ha conquistado la cima de la montaña. La intuición se opone al trabajo mecánico, a la comprobación científica, al camino ya recorrido. El misterio, por imprevisible, jamás es aburrido, pero no sólo eso; es un punto cardinal en la mente humana, con raíces en el pasado pero siempre proyectado en el futuro, como se proyecta una película antigua en una muralla borrosa. Así de inquietante. El humor es la sal que permite comerse la cazuela de productos apenas probables que se nos presenta cada mañana al despertar a la vida, cuando la boca anuncia la resaca o el mero bostezo, cuando la vigilia no pinta todos los colores necesarios. Contra lo que pudiera pensarse, no es la tristeza el principal enemigo del humor. Ambos parecen mezclarse en algunas mentes despiertas.
El problema es, como siempre, ser capaces de distinguir. Borges decía que era preferible la búsqueda a la verdad, porque la verdad podía ser una miseria. Lao Tse dice que todo lo que existe perecerá, así que corresponde mantener la distancia, actuar por medio del no actuar, ser un inútil, un innecesario. ¿La búsqueda es la que realiza el emprendedor frenético o la del contemplador maravilloso, entre la memoria y lo imaginado? ¿La intuición es tacto o improvisación, pulsión o delirio? ¿El misterio se acerca a lo erótico o al pánico? ¿La sonrisa es carcajada o mueca? Y la verdad, ¿Dónde estará la verdad?

Por Gerardo Saldías