lunes, 5 de enero de 2009

Cotidianas (en clave moral)

No tengo por qué fijarme, pero hasta el momento he detectado cuatro cosas más importantes que la verdad: la búsqueda, la intuición, el misterio, el humor. No se trata de buscar cualquier cosa, de ponernos arbitrarios; a usted, mujer posesiva, le informo que la fidelidad es derivada de la verdad, así que no vale. Tampoco la lealtad. Y así como la verdad tiene su perfecto opuesto en la mentira, la búsqueda se opone a la inacción. La inacción es una posición conforme, inmoral, esa que ostenta quien ha conquistado la cima de la montaña. La intuición se opone al trabajo mecánico, a la comprobación científica, al camino ya recorrido. El misterio, por imprevisible, jamás es aburrido, pero no sólo eso; es un punto cardinal en la mente humana, con raíces en el pasado pero siempre proyectado en el futuro, como se proyecta una película antigua en una muralla borrosa. Así de inquietante. El humor es la sal que permite comerse la cazuela de productos apenas probables que se nos presenta cada mañana al despertar a la vida, cuando la boca anuncia la resaca o el mero bostezo, cuando la vigilia no pinta todos los colores necesarios. Contra lo que pudiera pensarse, no es la tristeza el principal enemigo del humor. Ambos parecen mezclarse en algunas mentes despiertas.
El problema es, como siempre, ser capaces de distinguir. Borges decía que era preferible la búsqueda a la verdad, porque la verdad podía ser una miseria. Lao Tse dice que todo lo que existe perecerá, así que corresponde mantener la distancia, actuar por medio del no actuar, ser un inútil, un innecesario. ¿La búsqueda es la que realiza el emprendedor frenético o la del contemplador maravilloso, entre la memoria y lo imaginado? ¿La intuición es tacto o improvisación, pulsión o delirio? ¿El misterio se acerca a lo erótico o al pánico? ¿La sonrisa es carcajada o mueca? Y la verdad, ¿Dónde estará la verdad?

Por Gerardo Saldías

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