Supe hace poco que Jackson había muerto. Su deceso me impresionó hondamente: no a causa de lo que pudiese haber respondido (que ya nunca podré) frente a la pregunta de cómo me afectaría el fallecimiento de Jackson, sino a raíz de que por primera vez en toda mi vida me daba cuenta de que Jackson estaba vivo: quizá porque siempre antes prevaleció una fama tan mediada que hasta la idea de su presencia se me hizo mediática (aunque por estos días esa presencia exista más que nunca) o producto, sencillamente, de que no fui a su recital.
Me daba cuenta de que estaba vivo justo ahora que muere, pensaba, pero de hecho, fue más bien producto de ello.
Por Justo A. Prieto
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1 comentario:
La muerte nos iguala, como mortales, a los inmortales. Un abrazo.
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