jueves, 11 de diciembre de 2008

El mapa

Recién comprendió su extravío al ver el mapa, porque el lugar le era totalmente familiar: sus casas, las calles, la misma plaza. Incrédulo y atónito, lo revisó nuevamente. Lo mismo: estaba en la intersección que se indicaba, pero no en el lugar que él reconocía. Repentinamente, se halló en la desconcertante situación de quien asiste al desmoronamiento de sus propias certezas. Optó entonces por buscar -ya en un acto que comprendía reñido con la lógica- el lugar donde creía se encontraba (su última esperanza era estar efectivamente ahí; que sólo se tratase de un cambio en el nombre de las calles). Tembloroso, situó su índice sobre el papel. Con escalofriante, desesperada sorpresa, lo encontró: la intersección existía y se hallaba a no demasiadas cuadras.
El resto, es lo que logré saber ya con posterioridad: Se le había visto corriendo, agitadísimo. Decían que llevaba la cara desfigurada por la desesperación.
Lo que nunca sabré es hacia donde corría: si en dirección a ese lugar o arrancando de él.

Por Justo A. Prieto

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